Además, la experiencia estética y el estatuto del libro cambian en la transición al PDF. El soporte físico no es neutral: la textura del papel, la tipografía, el ritmo de lectura en impresos contribuyen a la recepción. El PDF uniformiza, homogeneiza y, a veces, empobrece la dimensión sensorial del libro; simultáneamente, habilita búsquedas rápidas, anotaciones y portabilidad. Para el sujeto inmerso en su mundo inconsciente, la forma importa: un texto leído en la madrugada desde una pantalla puede activar asociaciones distintas a las que surgirían al sostener el mismo volumen en la mano. El medio altera el mensaje y, por tanto, las posibilidades de interpretación y simbolización.